miércoles, 4 de noviembre de 2009

Decepción

Cuando llegué a Italia, no entendía mucho bien la lengua; no conocía las costumbres, su religión, nada.
En el aeropuerto, me esperaba un hombre italiano que conocí dos años antes, en Brasil, pero por algunas horas. Una amiga de años de conocimiento, me lo apresentó, pero no lo conocía bien a punto de quedarme con él. Pero María, mi amiga, me lo vendió.
Llegué a Roma, y ella no estaba esperándome!
Allí estaba Giuseppe B. El se perdió dentro del aeropuerto; no sabía donde era la porta de desembarque! Después de encontrarme, horas después, Giuseppe perdió el coche dentro del estacionamiento del própio aeropuerto!
Mientras yo caminaba junto a él, lo miraba por entre mis pestañas... Qué hombre feo! Bellos ojos azules, pero la boca...por Dios! horrible! Qué asco! Como se besa una boca como aquella? Imposible!
Fui con él a la ciudad donde vivía, Modena, a 300 km de Roma. No tenía otra manera. Allí pasé la noche.
Al día siguiente, busqué un hotel.
No lo encontré más, gracias a Dios.